Aquel 11 de Septiembre...
11 de Septiembre de 2001: El reloj marcaba las 6 de la mañana, le mire al escuchar el despertador. Había que levantarse…recuerdo que me acurruque, abrase la almohada y quise quedarme cinco minutos mas entre aquellas sabanas calidas…de repente me senté en la cama, quise hacer una llamada a mi Supervisor para decirle que no me sentía bien para ir al trabajo.
Me veo aun en el baño, había desistido de llamar, me gustaba mi trabajo y aunque me sentía agotada, este día seria de gran reto, ya que me habían asignado un sector bien accidentado para la cartografía y me había prometido que lo lograría.
Durante el trayecto junto a otros compañeros cartógrafos y mi jefe, todos coindicieron en el hecho de que estuve muy callada, algo que no era usual en mi, todos me preguntaban que me sucedía, a lo que yo sin saber el porque les decía que nada, que simplemente me sentía aun con sueño.
Me dejaron en el lugar en donde comenzaría mi trabajo. La calle era una cuesta, a su alrededor hermosas casas enrejadas, de altas paredes…me encontraba en un sitio muy privilegiado de la clase alta. Tome de mi mochila el mapa, lápiz y papel. Mi paso era cansado, a pesar de ser diestra en mi recorridos, ese día no estaba en optimas condiciones y me sentía incomoda pero había que seguir.
A pesar de mi lentitud al hacer el recorrido, me detenía de vez en cuando para tomar agua, el calor de ese día, era insoportable. No se cuando ni en que momento mi distracción me llevo a perder el dominio de donde estaba, aunque tenia el mapa en mis manos, sentía que no podía salir de aquella cuadra, la cual subí y baje varias veces, buscando de referencia algún punto ya conocido para saber en donde estaba exactamente.
Dios mío estoy extraviada!!! Como me pudo pasar a mi?, tengo el mapa en mis manos, veo las calles rotuladas y estoy dando vueltas al mismo lugar. Dios que me pasa?, casi me desmayaba, toque varias portones, y nadie salía. Se me había acabado el agua, una sed terrible se apodero de mí. Las lágrimas quemaron mis mejillas ardorosas por el intenso calor y el sudor.
Estaba justo al frente de una calle llamada Isabel de Torres y la miraba justo en el croquis. Sabia donde estaba pero no encontraba la manera de salir hasta el lugar de partida.
Fui bajando la cuesta y me encontré con un vigilante apostado al frente de esas mansiones. Estaba escuchando la radio. Me acerque para pedirle agua y que me dijera como salir de esa calle. Mientras el entraba a la casa por el agua, escuche la noticia de lo que en ese mismo momento estaba pasando, el ataque a las Torres Gemelas!!!, de repente todo estaba oscuro, me apoye en la alta pared y me deslice hasta quedar sentada en el suelo, estaba ya deshidratada y en medio de todo eso sentí pánico al pensar en mis familiares y amigos allá en Manhattan, de amistades que se que laboraban allí. Mire mi reloj y vi exactamente las 10:30 AM.
El sol golpeaba cada vez mi cara y me pareció una eternidad la llegada del vigilante con el agua. Unos fuertes brazos me levantaron, escuchaba voces y un portón que se abría. Estaba allí en aquella salita junto a un señor que me preguntaba mi nombre y donde vivía. A duras penas les respondía, escuche que llamaría a un taxi para que me llevara a mi casa y me dijo que el no podía llevarme pues tenia que hacer llamadas a los Estados Unidos por eso del ataque pero quien me llevaría era de su confianza, que no me veía bien y que fuera al medico. Tome agua poco a poco y así pude conversar con quien había sido tan hospitalario. Ya un poco mejor, le di las gracias a quienes me auxiliaron y me marche.
Por cada lugar que pasábamos todo era las noticias de lo acontecido, cada vez era mi angustia por llegar a mi casa pero tenia que presentarme en el trabajo y comunicarles lo acontecido. Al verme todos llegar, se sorprendieron al verme, ellos me estuvieron buscando por toda la zona sin dar conmigo y estaban temerosos de que algo me había pasado. Les dije lo que había sucedido y me llevaron al medico.
Nunca en mi vida me sentí tan mal como ese día, han pasado los años y aun sigo sin saber. Pero la tragedia estaba allí, latente en cada ser humano. Las imágenes siguen gravadas, los testimonios, el mundo había cambiado desde ese mismo instante. Tanto dolor, impotencia, cambios bruscos que a pesar del tiempo en cada 11 de Septiembre regresa la herida latente que jamás podrá cicatrizar. Días después regrese al mismo lugar a terminar mi trabajo y que ironía del destino, la misma hora, la calle en donde me extravíe lleva por nombre al final Torres parada en una cima y es que siempre estuve hacia el norte, aquel fatídico 11 de Septiembre!
Escrito el Domingo, 11 de Septiembre de 2011 a la(s) 17:18
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